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miércoles, 25 de enero de 2017

La Ballena de Oriñón

Hoy volvemos a Castro Urdiales. La Ballena de Oriñón es una de las tres denominaciones con las que se conoce a un cabo situado en la costa de Sonabia, a los pies del conocido Monte Candina. Sus otros dos nombres son cabo Cebollero y punta Sonabia, pero aquí siempre llamaremos a este accidente geográfico con el título de esta entrada. Su longitud, desde el istmo hasta su punta septentrional es de 450 metros.

¿Por qué llaman a este saliente "la Ballena"? Una imagen (o en este caso dos) valen más que mil palabras:
La Ballena desde Islares.
Otra imagen de la Ballena de Oriñón.
Como podemos ver en las fotos superiores (tomadas desde Islares y el camino hacia la playa de Sonabia respectivamente), el cabo tiene forma de ballena, aunque eso es solo apreciable desde lejos. Lo de "Oriñón" es por el nombre de otra localidad cercana.

Es un sitio muy bonito, puede que el mejor para respirar la brisa marina en la zona oriental de Cantabria y para hartarte de hacer fotos, pero si lo que buscas es un lugar histórico, lamento decirte que el cabo Cebollero no es para ti.
Uno de los caminos que van hacia la Ballena.
Para llegar, aparca en Sonabia y coge alguno de los múltiples caminos que van hacia la costa. Una vez que hemos salido a unos prados, solamente hay que dirigirse hacia el cabo/península protagonista de nuestro post de hoy.

Si queremos pasar a la Ballena, es fundamental que la marea esté muy baja ya que en el istmo hay una "pequeña grieta" en la que se mete el agua. Otro requisito es que no haya mucho oleaje.
Llegamos al istmo.
Como se puede ver en la foto anterior, el istmo está formado principalmente por estratos, lo que nos facilita en parte el trayecto hacia el cuerpo de la Ballena ya que nos proporcionan subidas relativamente rectas y no muy empinadas. A partir de ahora todo es roca, por lo que recomiendo un calzado resistente. Pasar el istmo puede resultar difícil a la vez que peligroso, pero tendrás una buena aventura.


Cala rocosa en punta Sonabia.
La parte final del istmo y el Monte Candina.
Una vez que estemos en la Ballena como tal, las vistas son más que increíbles. El Candina preside el paisaje al mirar hacia el sur.

El istmo.
El istmo tiene una longitud de poco más de 200 metros, pero son 200 metros para el recuerdo. Lo pasas mal recorriendo esa distancia. Pero no te preocupes, porque hay recompensa.


Vistas al sur desde la Ballena.
Existe un camino bastante marcado por el dorso de la Ballena de Oriñón, desde el que hay buenas vistas, como las de la foto anterior, con el Candina y la playa de Oriñón a la izquierda.



Si aquí hubiera un géiser, este saliente costero sí que sería un verdadero cetáceo, ya que parecería una ballena real expulsando agua por el espiráculo.


Camino sobre la Ballena de Oriñón.
Una vez arriba, verás, además del Cantábrico, Laredo, Santoña con su Buciero, el puerto de Bilbao... Suele haber pescadores en los pequeños acantilados del cabo Cebollero, así como jóvenes de la zona bañándose en verano. Desde Hablando de Cantabria pido no acercarse demasiado a los acantilados, porque luego pasa lo que pasa.


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sábado, 7 de enero de 2017

Setares

Hoy, en la primera entrada "seria" del año, hablaremos sobre Setares, un pueblecito minero abandonado situado cerca de Otañes y de Baltezana, en el municipio de Castro Urdiales. Existe otro poblado del mismo tipo por ahí, también abandonado, llamado Camposquerra.

Empezaré explicando la historia, después diré cómo se llega al lugar, y por último, vendrán las imágenes.

El poblado minero, creado a finales del siglo XIX, llegó a tener unas 50 edificaciones, aunque actualmente solo podemos adivinar la planta de unas 20. El edificio más importante era uno que hacía las veces de escuela e iglesia. Junto a ese edificio se construyó un frontón, que actualmente es lo que mejor conservado está. Setares también tenía servicios sanitarios y más de un bar. He leído que también tenía equipo de fútbol formado por mineros, algo que me extraña porque por ahí no hay ningún terreno adecuado para montar un campo. Lo que igual sí que tenía era bolera. Celebraba sus fiestas patronales el 4 de diciembre (Santa Bárbara), y el 5 de agosto, (la Virgen de las Nieves). Esta última también se celebra en Porcieda.

En el año 1900 vivían en Setares casi 1.500 personas (la mayor población de su historia, formada por mineros y sus familias). A mediados del siglo XX comenzó el declive en las explotaciones por muchas razones, pero principalmente por la falta de mineral férrico que llevó a la empresa encargada de las minas a ir perdiendo poco a poco ingresos, lo que trajo despidos masivos. La Compañía Minera de Setares (constituida en 1886), desapareció en 1965. El pueblo, que por entonces había reducido su población a solamente 200 habitantes, empezó a despoblarse definitivamente. La mayoría de los mineros se fueron a trabajar a minas de Vizcaya. Para finales de la década de los 60, el lugar ya no tenía ningún habitante.

Las explotaciones más importantes por la zona eran las minas Ceferina y Anita, aunque existieron varias más, hoy todas cerradas. La mina Ceferina, a finales del siglo XIX, producía una media de 150.000 toneladas (150 millones de kilos) de mineral anuales (12.500 al mes y 400 al día). Todo ese mineral de hierro iba a parar al cercano cargadero de Dícido, donde se cargaba en barcos mercantes para su distribución por diferentes puertos de la costa cantábrica, aunque normalmente iba para País Vasco.

En Setares y alrededores se produjeron varios sucesos trágicos que acabaron hasta con muertos a finales del siglo XIX y principios del XX, en ocasiones causados por enfrentamientos entre huelguistas mineros y cuerpos de seguridad. No le faltan tampoco historias de fenómenos paranormales, como un supuesto avistamiento de la Santa Compaña.

Ahora diré cómo se llega, y atención a la explicación porque puede resultar difícil pillarlo.

La CA-523, carretera por la que iremos, discurre entre Ontón y Otañes, pasando por Baltezana. Recomiendo ir por la parte de Ontón y de Baltezana, ya que a casi tres kilómetros de ese último pueblo está el lugar en el que debemos dejar el coche. Se trata de una casa blanca junto a la que hay espacio para aparcar el vehículo. De ahí sale un camino que tira para el monte. Pues bien, ese camino, (que en realidad es una pista forestal) es la subida a Setares. Sugiero este recorrido porque para ir a Castro se suele ir por la A-8, y queda más cerca ir hacia la casita blanca por Baltezana que por Otañes, aunque si queremos ir por este último pueblo, lo que hay que hacer es tomar la CA-523 a la salida de la localidad, y a dos kilómetros y medio llegamos a la mencionada casa. Tanto por un lado como por el otro hay varias curvas bastante cerradas.

Y dicho todo esto, creo que ya podemos ponernos con las fotos.
Setares en los años 60.
Empezamos con una imagen de Setares de los 60, probablemente de finales de la década. Las casucas estaban en mejor estado que ahora, quitando la que tenemos en primer plano que actualmente estará en un estado más bien parecido, (si sigue existiendo). La fotografía es de esta web.


Primer tramo de la ruta.
Casi toda la ruta es una bonita pista que discurre por un eucaliptal. Tiene un poco menos de un kilómetro y es muy sencilla.


Baltezana, la autovía y el mar.
Cuando ya hemos pasado la mitad de la ruta empezamos a ver buenos paisajes, como el de la foto superior (Baltezana, la A-8 y el Cantábrico).


La primera casa que nos encontramos.

Muy poco después nos encontramos con la primera ruina, un edificio del que quedan dos paredes con los huecos de un par de ventanas. Las demás construcciones del poblado no están en mejor estado, sino todo lo contrario.

Un poco más adelante hay un paso canadiense, y lo siguiente de lo que nos enteramos es que hemos llegado a Setares.


Primera impresión que nos llevamos del lugar.

Nada más llegar a las primeras construcciones, vemos un camino a la izquierda que baja. Pues bien, ese camino va al lugar en el que existió un plano inclinado, del cual ya no queda nada, por lo que no recomiendo bajar.


Casas en ruinas.
Un muro de la escuela/iglesia y el frontón.
Al principio del antiguo poblado minero se alza una esquina de un edificio: la escuela/iglesia. Detrás está el frontón que ya cité al principio. ¡No se darían ahí pocos pelotazos! Es digno de mención que en ese frontón está el único grafiti que hay en todo el pueblo. Es curioso porque en todo lugar abandonado hay unos cuantos. Quizás esto se deba a que el despoblado está demasiado lejos para que la gente suba a pintar los muros de piedra de las casas de ese pueblecito. Creo que aquí se juegan partidas de paintball, pero no lo aseguro, ya que no se ven impactos de bolitas multicolores por ninguna pared.

Las casucas que hubo por aquí estaban construidas a base de muros de mampostería, en algunas ocasiones enfoscada, aunque en algunas paredes podemos ver también ladrillo macizo. La estructura de los inmuebles era de madera, (todavía sobrevive alguna viga), y el tejado era de teja árabe sobre ripia, normalmente a dos aguas. Las casas poseían planta baja, primer piso y en escasas ocasiones desván. De todo eso solo permanecen en pie parte de los muros perimetrales.
Los talleres de ferrocarril.
Un poco más abajo nos topamos con un edificio del que resiste parte de su estructura de madera y que funcionó como talleres de ferrocarril. Junto a él permanecen en pie un par de postes eléctricos o de teléfono. Uno de ellos se ve en la imagen anterior. Si seguimos por ese camino llegamos a las ruinas de otras dos casas, que como le pasa al resto de casas del poblado, están invadidas por zarzas.

Y esta entrada concluye aquí. Setares es, al igual que muchos lugares en Cantabria, parte del patrimonio desconocido que algún día desaparecerá, porque cuando queramos evitarlo, será demasiado tarde...

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