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jueves, 25 de agosto de 2016

La Torre de Ruerrero

La Torre de Ruerrero es una construcción medieval situada en un alto del mismo pueblo, municipio de Valderredible.

La edificación desde el pueblo.
Valderredible es conocido por la gran cantidad de arte rupestre que alberga. Además, por la zona hay muchas iglesias románicas. También es el municipio más extenso de Cantabria (300 km²), aunque su población es de solamente 1.000 personas. En su arquitectura destacan algunas torres defensivas, muchas de ellas medio derruidas, como la que hoy nos ocupa. Muy cerca de la torre de Ruerrero hay otra construcción del mismo tipo a pesar de que no es medieval: la Torre de Cadalso, también en ruinas.

Ruerrero es una localidad de medio centenar de habitantes, junto a la que pasa el Río Panero que se une al Ebro muy cerca del pueblo.

El camino que sube a la torre.
Para llegar hasta la torre, lo que hay que hacer es ir hasta la parte más oriental del pueblo (al que se llega por la CA-275 o por la BU-611). Allí hay unas naves. Pues subimos hacia ellas y giramos a la izquierda junto a una pista de fútbol. Esta salida es la primera hacia esa dirección según subimos. Después hay que seguir hacia arriba 300 metros hasta llegar a la segunda salida a la izquierda pasando la cancha. En esa entrada hacia el pueblo se puede aparcar. Ya a pie, subiendo unos 100 metros, hay una valla que parece cortarnos el paso, pero existe un acceso a la izquierda. Al pasar este obstáculo ya estamos en la torre. A partir de ahí ya la podemos ver libremente.

Detalle del estado de la construcción.
Se trata de una torre defensiva del Medievo, concretamente de finales del siglo XIV o principios del XV y construida probablemente por los Bustamante, que tenían varias posesiones por la zona. Fue declarada Bien de Interés Cultural hace 24 años. Tiene una altura de más de 12 metros y un lado de 10 y medio, mientras que la anchura de sus muros de sillería es de más de dos metros. Éste último dato puede comprobarse gracias a una ventana-puerta localizada en el muro sur que ha sido reconstruido.

 La reconstruida entrada a la edificación.
Si entramos dentro lo único que encontremos será un patio cuadrado lleno de maleza. Se entra a través de esa ventana-puerta que he mencionado antes y que está en la parte reconstruida de la torre. Está situada donde anteriormente estuvo la entrada, ya que si rodeamos el perímetro de la hexacentenaria construcción no encontraremos ningún acceso al interior salvo ese. Dentro podremos ver que aun sobreviven algunas ventanas o aspilleras y que una de ellas tiene todavía madera. Se pueden ver también los agujeros donde iban encajadas las vigas.

Las torres y torreones bajomedievales solían tener tres plantas, siendo la planta baja la del vestíbulo, almacén o despensa y cocina, mientras que la primera planta estaba dedicada a la residencia del dueño o dirigente de la fortaleza y la segunda a la de vivienda de la servidumbre y los guardias o soldados. Estos últimos vigilaban la zona desde la azotea. La de Ruerrero tenía dos plantas, aunque su altura es igual o muy semejante a la de otras torres cántabras de su tipo.

El contrafuerte.
Existió también alrededor de la torre un foso que aun se puede apreciar junto al muro oeste que está medio derruido, pero, sin duda, lo más curioso de ella es una pequeña torrecilla redonda que tiene adosada a su esquina noroeste como se puede ver en la foto anterior. ¿Aljibe? ¿Polvorín? Pues no, es mucho más sencillo: se trata de un contrafuerte o un refuerzo, ya que por esa parte de la colina la tierra se hunde con facilidad y no era plan que al primer leve corrimiento de tierra toda la torre se viniera abajo. Esta seudotorre tiene 5 metros de altura y 3 de diámetro. Es un elemento muy poco común en las fortalezas medievales.

Si no recuperamos este patrimonio acabará desapareciendo, así que hay que protegerlo. Alguna torre ya ha desaparecido en nuestra Comunidad Autónoma, así que no queremos que vuelva a ocurrir lo mismo, ya que unas cuantas van por el mismo camino que la Torre de Ruerrero...

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domingo, 14 de agosto de 2016

El Cementerio Protestante de Cazoña

¿Conoces el Cementerio Protestante de Cazoña o de Santander? Es muy desconocido ya que está entre los altos edificios de ese barrio santanderino. También se le conoce como Cementerio Inglés. Pues hoy hablaremos de él. Voy a contar primero su historia y luego vendrán las fotos.

Cazoña es la Manhattan santanderina. Cinco de los diez edificios más altos de la ciudad están ahí. Alguno de ellos llega hasta el piso número 16. Por eso es tan desconocido el cementerio, porque está muy escondido.

Desde tiempos inmemoriales viven ingleses en Santander y alrededores, pero en el siglo XIX, el número de británicos y protestantes aumentó considerablemente. Por ejemplo, en la Guerra de la Independencia contra los franceses los ingleses nos ayudaron, y muchos de ellos murieron aquí. También vinieron muchos durante las Guerras Carlistas que no volvieron vivos a su país.

Fueron todavía más los que llegaron aquí para colaborar en las obras de las líneas de ferrocarril a mediados de siglo. En la construcción del Ferrocarril de Alar del Rey a Santander, los ingenieros que dirigían los trabajos eran en su mayoría ingleses, ya que allí ya se habían establecido varias líneas y los capataces tenían la experiencia necesaria. Por eso se quiso crear un cementerio protestante en Santander, (se solicitó por primera vez en 1831), ya que muchas familias no tenían dinero para trasladar un cadáver hasta Gran Bretaña. Además, los protestantes no podían ser enterrados en un cementerio católico. Ahora se les puede enterrar en Ciriego, ya que según entras, a la izquierda, está el cementerio civil, donde hay difuntos de todas las religiones e incluso ateos y agnósticos. Debemos tener en cuenta que en Cantabria hay 5.000 protestantes, por lo que es necesario que se les pueda enterrar en Ciriego o en otro cementerio civil.

Precisamente fue un inspector de ferrocarril, Jesse Stroud, el primer "usuario" del nuevo cementerio, siendo enterrado el 9 de abril de 1864. Falleció en Reinosa unos días antes a los 44 años. En ese momento, el novato cementerio era simplemente un prado con una tumba en medio, ya que obviamente no existía ninguno de los edificios actuales. Dos años antes se había adquirido la parcela, que costó, aproximadamente, 3.000 reales. La mitad de esa cantidad fue aportada por el Rey de Prusia, Guillermo I. El resto fue aportado por suscripción popular de creyentes ingleses. El último enterramiento fue el de la francesa Madeleine d'Afne Lorch Racine, una profesora de idiomas jubilada que nació en 1904 y murió algún día de algún mes del 1990 a los 86 años. 26 años sin uso, y contando... También hay españoles en el cementerio, como por ejemplo Aurora Fernández de Campano. De hecho, hay de muchas nacionalidades, por lo que no todos son ingleses. Entre sus muros incluso descansan niños y suicidas. En total, se han enterrado a 128 personas en él.

En 1870, cuando el camposanto ya tenía varios inquilinos, se llevaron a cabo algunas sencillas obras, aunque el muro, la verja y otros elementos se le añadieron en 1912. Desde ese momento poco ha cambiado, (quitando que se le han sumado más tumbas). El muro, en parte cubierto de hiedra, está construido en piedra caliza de las canteras de Escobedo de Camargo y tiene una altura de entre 1,5 y 2 metros y una anchura de medio metro. Este muro mide 33 x 30 metros, por lo que el recinto tiene unos 1.000 m², 180 veces menos que Ciriego.

A finales del siglo XIX, si querías tener una tumba en condiciones en este lugar, tenías que pagar algo más de 310 pesetas, que serían como 1,86 euros. Esto incluía la cuota de enterramiento, que era lo más caro; la placa, la adquisición del terreno y una pequeña parte que iba destinada al cuidador del cementerio.

Hasta 1957 se hacía cargo del camposanto el Consulado Británico. En ese año, su dominio se trasladó al Consulado Noruego, ya que se suprimió en Santander el Inglés. Desde 1976 es responsabilidad del Consulado Alemán. También estaba metido en esto el Consulado de Suecia.

En 1996 casi se le traslada debido al estado en el que se encontraba, (no tenía puerta y el recinto estaba demasiado salvaje). Ahora, de vez en cuando, se le corta la hierba y se le hace algún arreglo.


También en 1996, la asociación ecologista Mortera Verde solicitó que se le protegiera mediante la declaración de Bien Inventariado. Recibió este título en el 2004, ocho años después.

Tal vez se os haya hecho pesada toda esta historia, pero no os preocupéis porque ya vienen las fotos.

La tapia y los árboles del cementerio desde Luis V. de Velasco.
Para llegar, lo más fácil es ir hasta el inicio la calle Luis Vicente de Velasco. Allí, entre los números 4 y 6, hay una cancha de baloncesto. Detrás de esa pista está el cementerio como se aprecia en la foto superior, aunque la puerta no se ve porque queda al otro lado. Otra manera de llegar al lugar es ir hasta el 17 de la avenida Herrera Oria. Entre ese edificio y el número 19 sale un camino que va hasta la entrada al Cementerio Protestante.

La verja.
Si escogemos la primera opción, tendremos que rodear el perímetro del camposanto hasta toparnos con la entrada.

Cartel junto a la puerta del cementerio.
A la derecha de la enrejada (y cerrada con candado) puerta, en la tapia, hay un pequeño cartel en el que se puede leer lo siguiente: Cementerio Protestante Inglés - Año 1864

La verdad es que podía ilustrarnos un poco más. Debería instalarse un cartel que explique la historia de un lugar tan desconocido.

Interior del cementerio.
En la foto anterior se puede ver que está, más o menos, bien cuidado por dentro. A continuación explicaré algunos elementos que podemos ver en el interior.

De las 20 tumbas que hay, (más o menos), la más llamativa es la del centro, ese monolito que tiene cuatro anclas en sus esquinas. Se trata del monumento en homenaje a la Legión de Marinos Británicos, que fue trasladado hasta aquí desde el antiguo cementerio de San Fernando. Bajo él están enterrados en una fosa común los restos de los fallecidos en combate pertenecientes a esta legión. Es este el único vestigio de la estancia en Santander de ese cuerpo en 1835. Fue creada para ayudar a las tropas liberales durante la Primera Guerra Carlista. Sus miembros eran en su mayoría voluntarios pobres, que querían ganar algo de dinero alistándose al ejército. Los primeros voluntarios llegaron a Santander el 30 de julio de dicho año.

Al fondo, en tercer plano, hay una lápida de un color rojizo o rosado. Se trata del sepulcro de Madeleine d'Afne L. Racine, que como ya he dicho es la última persona a la que se enterró en 1990 en este lugar. Está con su madre, Marthe, fallecida en el 62.

Por último, en la tumba central de las tres que están en primer plano, donde está enterrada alguna persona anónima, hay una placa que reza: Jesucristo dice: yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí

Lo más curioso de este recogido lugar es que Matilde Camus le dedicó un libro en 1993. Se titula Prolegómenos del Cementerio Protestante de Santander y su evolución histórica. Mucha de la información mostrada procede de ese libro.

Y aquí lo vamos a dejar por hoy. Dadlo a conocer para que el patrimonio desconocido no se pierda.

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lunes, 8 de agosto de 2016

Los Pozos de Noja

Bienvenidos a mi blog! Hoy os explicaré cómo llegar hasta los Pozos de Noja, situados en el municipio de Miera, además de su historia.

Debemos conducir hasta La Cárcoba, (capital del municipio), y tirar para arriba. 250 metros después, entramos en otro pueblo: La Maza. Nosotros seguiremos hacia arriba. Algo más adelante, nos topamos con un cruce en el que hay un humilladero y unos carteles. Seguiremos por la carretera de la derecha, ya que la de la izquierda nos llevaría a Solana, un pueblo de 20 habitantes.

Una vez que hemos recorrido algo más de un kilómetro, a un lado de la carretera hay una cabaña pasiega y un reducido aparcamiento. Se trata del acceso a la cueva del Salitre, una cueva rupestre con pinturas que incluso se puede visitar. Os podéis informar haciendo clic en el enlace anterior.

Seguimos unos cinco minutos hasta el lugar en el que debemos dejar el coche. Se trata del punto en el que se acaba la carretera asfaltada. Ahí hay tres caminos. Nos pondremos a caminar por el de la derecha, junto al que hay un par de cabañas. La distancia que hay entre el pueblo de La Cárcoba hasta éste lugar es de unos cinco kilómetros y medio. A esto hay que añadirle la distancia que hay hasta aquí desde tu localidad. Por ejemplo: Santander está a 38 kilómetros de La Cárcoba, pues 38 + 5,5 = 43,5 kilómetros es la distancia que existe entre Santander y el punto de inicio de la ruta de los Pozos de Noja.

Con todo esto explicado, creo que ya es hora de empezar la ruta.

Inicio de la senda, con una caseta para guardias forestales.
El paisaje es impresionante. Las montañas que se ven a la derecha de la senda se llaman Las Eguinzas y alcanzan los 1.000 metros.

Otro tramo de la ruta, con un arroyo a la derecha del camino.
Una vez que hemos recorrido una parte del camino, aparece un pequeño arroyo de agua muy sucia que nos acompañará hasta que subamos una cuesta.

El final de la cuesta.
Cuando subamos la cuesta, nos encontramos con un prado a la derecha que tiene una vieja construcción. Pasando ese prado, hay un montículo y un cruce. Se debe tomar el camino de la izquierda, ya que el de la derecha es otra ruta. En la foto superior se ve, al fondo y a la izquierda un pequeño árbol. Pues bien, detrás de ese árbol están los pozos.

Por fin vemos el pozo más grande.
El pozo grande.
Giramos una vez pasado el árbol y ya vemos la laguna más grande. La pequeña queda un poco más abajo. Unos caballos se estaban dando un chapuzón como se puede ver a la izquierda de la segunda foto superior.

Junto a ese pozo hay una mirador desde el que se ven unas espectaculares vistas siempre que el día está despejado: Peña Cabarga, Solares, Somo, Santander, el Cabo de Ajo, Santoña... ¡e incluso Cucabrera!

Parte de lo que se ve desde el mirador.
En la foto anterior (clic para ampliar) he indicado lo que podemos ver desde el mirador por la zona de Santander. Serían necesarias dos o tres panorámicas para mostrar todo el paisaje visible desde ese punto.
 
 El pozo pequeño.
El pozo más pequeño se ve desde el mirador. Está 500 metros más abajo. Yo creo que no merece la pena bajar. Este último ya queda dentro del término municipal de Liérganes. Unas vacas, al igual que unos caballos en el grande, se estaban bañando. Éste pozo es ocho veces más pequeño que el de arriba. Junto a él aun quedan los restos de una casa de bombas.
 
La distancia que separa el lugar donde debes dejar el coche y el primer pozo es de 1,5 kilómetros. Muy cerca de los lagos hay una cueva, la del Arbajal, pero no tiene pinturas ni nada de importancia.
 
Una vez acabadas las fotos y la explicación de la senda, voy a explicar la historia de los pozos y por qué se construyeron, ya que no son naturales.
 
Su función era la de aportar agua para la producción de energía hidráulica para Liérganes y alrededores. Se aprovecharon hondonadas para construir las presas a principios del siglo XX. La del pozo inferior aun es visible desde la parte norte. El agua bajaba por canales situados en las laderas del Picón del Marmojo y de Peña Pelada. Estos canales aun existen. Los pozos se llenaban con el agua del deshielo o de la lluvia. Debemos tener en cuenta que están a más de 700 metros de altitud, por lo que en invierno toda esa zona (que da nombre a los pozos) está nevada.
 
La empresa que los construyó era la Electra Pasiega, que fue absorbida en 1945 por la Electra de Viesgo. Las turbinas para la producción de electricidad estaban situadas, la primera, al pie del monte en el que se ubican los embalses, y la segunda, que recibía agua de la primera, junto a la carretera que une Liérganes y San Roque, en un lugar llamado "La Fábrica de la Luz". Las instalaciones aun se conservan en un estado aceptable.
 
Los pozos y las turbinas, el primer proyecto de Electra Pasiega, se pusieron en funcionamiento sobre 1905 y estuvieron produciendo electricidad hasta mediados de siglo, cuando Electra de Viesgo adquirió la pequeña empresa pasiega como ya se ha dicho antes. En ese momento, se introdujo en la zona de Liérganes el alumbrado moderno.
 
Y aquí finaliza el post sobre los Pozos de Noja. En mi opinión se debe ir ahí al menos una vez en la vida. Existen más rutas para llegar hasta el lugar, pero la que he explicado es la más sencilla.
 
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