Buscar

viernes, 30 de diciembre de 2016

El Jardín de Carrejo

La última entrada de 2016 trata sobre El Jardín de Carrejo, un hotel de tres estrellas y de 12 habitaciones situado en Carrejo (Cabezón de la Sal) y que abrió en 1999. El enlace anterior corresponde a su ubicación en Google Maps, pero tenemos la mala fortuna de que una nube tapa todo el pueblo, incluyendo el hotel que se encuentra a las afueras.

 Edificio principal.
Las suites.
El edificio principal, de piedra, construido en 1881, fue antaño un granero y una cuadra, mientras que la pequeña construcción restaurada en 2005 que alberga las dos suites fue un gallinero. El terreno total del jardín es de tres hectáreas.

Se puede aparcar el coche en un pequeño aparcamiento situado dentro de la finca, justo al lado de la entrada. Lo primero que vemos al entrar es esto:

Detalle del jardín.
En El Jardín de Carrejo hay todo tipo de árboles, incluso una secuoya, además de un montón de rincones escondidos. Los caminos que lo recorren son realmente fascinantes. Recomiendo ir a pasear a este lugar en otoño, porque el color de los árboles en esas fechas es increíble, aunque cualquier época del año es buena para visitarlo.

 Un camino.
La ruta que haremos por el jardín comienza en el aparcamiento. A la derecha del mismo sale un caminito que cogeremos en esta ocasión. Es el de la imagen superior.

 Un huerto.
 Una campa enorme (con ajedrez gigante incluido).
 El camino a su paso por una zona plagada de manzanos.
El camino pasa junto a un huerto, y después, entre pequeños manzanos. Continuaremos por un puente de madera que cruza un arroyo un poco sucio. Por el camino que sigue pasearemos junto a otro arroyo que nos queda a la derecha. También tendremos un prado enorme perfecto para practicar cualquier tipo de deporte a mano izquierda. Dicho prado tiene una portería por si nos apetece jugar al fútbol.

El puente.
 El camino que discurre junto al regato.
Una cosa muy curiosa en ese hotel son los robots que automáticamente siegan la hierba. Hay tres o cuatro, y alguno suele haber dando vueltas.

La campa de la portería.
El aire que allí se respira es muy puro, y casi no se oye ruido a pesar de estar a escasa distancia de la carretera general. El Jardín de Carrejo es un remanso de paz en mitad del ruidoso mundo.

Continuando el camino llegamos a unas viejas piscinas dedicadas a la cría de truchas que ahora están llenas de vegetación, pero no por eso dejan de tener encanto. Allí también hay alguna presa y algún puentecillo que cruza el arroyo, que en este punto está canalizado. También encontramos algunos bancos y casetas de pájaros en los árboles. Estamos junto al edificio de las suites, que como ya dije fue un gallinero.

Criaderos de trucha.
Tramo canalizado del arroyo.
En fin, ese es un sitio con mucha naturaleza y extensión. Para cualquier duda, entrad en la página web del hotel. Espero que os haya gustado mi post y que visitéis El Jardín de Carrejo, pero siempre con cámara. En Carrejo también se encuentra el Museo de la Naturaleza de Cantabria, el cual merece una visita. Está ubicado en una casona del siglo XVIII en la plaza del pueblo. Y eso ha sido todo... ¡Feliz año nuevo!

Entrada siguiente: Estadísticas del 2016
Entrada anterior: El Tolío

sábado, 10 de diciembre de 2016

El Tolío

El Tolío es una montaña situada en el municipio de Piélagos, muy cerca de Mortera, donde se encuentra el principal acceso al monte, ya que hay varias rutas que llegan a su cumbre, situada a 237 metros de altitud. Pertenece a una pequeña cordillera: la sierra de Liencres, localidad que también se encuentra cerca. Es un lugar conocido por senderistas y personas en general porque existen numerosas sendas generalmente sencillas que recorren toda la sierra.

Antes de empezar con lo fuerte, quiero dar las gracias públicamente a Máximo Villar Saro por darme la idea de dónde hacer esta entrada. También recomiendo visitar su blog.

Cerca de esta montaña tenemos a La Picota, mucho más famosa. Esta última es la cumbre más alta de la sierra de Liencres con casi 240 metros. Estos dos no son los únicos montes de la sierra, pero sí los más conocidos. Para poner otro ejemplo de una montaña aquí situada, podemos nombrar el Alto del Cuco, de 137 metros, donde estuvo hasta finales de octubre la famosa urbanización ilegal.

Antes de empezar con las imágenes y las demás explicaciones, debes de tener muy claro que esta montaña NO se llama "Tolio", sino "Tolío". Parece una tontería pero no lo es. Lo digo porque hay muchos errores con la tilde al escribir este topónimo.

La senda que os voy a explicar es la más usada, porque ya he dicho antes que hay varias. Empieza en una verja con un par de palos metálicos a la izquierda para permitir el paso de personas, ya que los vehículos tienen prohibido pasar a excepción de que sean camiones para llevarse los troncos de los eucaliptos que allí se cultivan para la producción maderera. Existe un pequeño aparcamiento de grava en el que se puede estacionar el coche. El recorrido de la ruta que nos ocupa no alcanza el kilómetro y medio.

Final de la primera pendiente.
La senda es sencilla, aunque hay dos o tres cuestas que tienen cierta pendiente. La imagen anterior corresponde al lugar en el que finaliza la primera cuesta. Cuando fui a subir a El Tolío en esa ocasión, (por enésima vez), en diciembre de 2015, estaban talando los bosques de eucaliptos (por esa razón aparece un vehículo en la foto).

Para subir a La Picota se utiliza inicialmente la misma senda, pero a continuación veremos dónde está la bifurcación:

El cruce.
La cumbre que se ve en esta foto es La Picota, pero eso es intrascendente en este momento. Ahí hay un cruce, a poco más de medio kilómetro del aparcamiento inicial. Para subir a El Tolío cogeremos el camino de la derecha, porque el de la izquierda nos llevaría a La Picota. De todos modos hay una señal un poco desgastada que nos indica el camino.

Mortera y al fondo Santander.
Desde el cruce ya se empiezan a contemplar buenas vistas. Obviamente no son como las que existen desde la cima, pero desde ahí, además de Mortera se ve al fondo la peña de Peñacastillo y Santander. En línea recta estamos a 6,5 kilómetros de Peñacastillo, por lo que esa montaña se ve bastante bien.

El Tolío.
 El camino hacia El Tolío.
Y así, continuamos el camino pasando por delante de fincas y prados en los que algún día hubo vacas, así como atravesando bosques de eucaliptos.
Cambiando radicalmente de tema, ¿sabes cómo se llama el curso fluvial que desemboca en la conocida ría de San Juan de la Canal, en Soto de la Marina? Por si no conoces la respuesta, es el arroyo del Palancate, que, por cierto, nace en algún punto de El Tolío. Curioso, ¿verdad? Y por aquí también hay una cueva: la de los Cirios, que no tiene ningún tipo de valor. Sí tiene valor arqueológico una que está a las afueras de Mortera: la cueva de las Penas o de los Perros, en la que se han encontrado, entre muchas otras cosas, cinco cinturones de época visigoda (1.300 años de antigüedad).

 Señal que indica el camino.
A 200 metros de la cumbre de El Tolío hay una indicación para llegar a la cima, ya que de ese punto sale otro camino que nos llevaría para abajo, algo que no queremos ahora mismo. Un poco después hay dos caminos que van para arriba. Ambos nos servirían, pero yo recomiendo el de la izquierda porque es más ancho y porque te deja en la parte más alta de la montaña, mientras que el derecho te deja 50 metros al este.

 La cumbre.
Toda la sierra está plagada de nidos de ametralladoras de la Guerra Civil. También existen búnkeres y trincheras. En total hay más de 20 construcciones. No puedo decir el número exacto, porque cada fuente que he consultado habla de una cifra distinta. Estas fortificaciones fueron construidas por los republicanos en 1937 para defenderse de un posible ataque franquista. Nunca se utilizaron, al igual que muchas fortalezas existentes por la costa cántabra pertenecientes a la misma época. En la cima de El Tolío hay dos nidos. Uno de ellos es el que aparece en la imagen siguiente. Ciertamente están todos muy deteriorados.

En la cima de La Picota existió otra construcción con carácter defensivo, pero medieval. Apenas quedan restos de ella, pero puede que un día fuese del tamaño y de la majestuosidad de la torre de Ruerrero.

Vistas al noreste desde la cima.
De la cumbre sale otro camino, que ya no veremos, pero que siguiéndole saldrías a la CA-303, a 700 de Mortera.

 El Abra del Pas y el bosque de Liencres.
Seguramente la sierra de Liencres es tan conocida por senderistas, ciclistas y demás por, entre otras cosas, sus vistas: 360° y una visibilidad de más de 70 kilómetros. Picos de Europa, Costa Quebrada, Suances, Peña Cabarga, la bahía de Santander y todo lo que la rodea, etcétera. Y mirando bien en un día despejado incluso veremos la cueva de Cucabrera. Pero, sin duda, lo más fotografiado es el Abra del Pas, con su campo de golf, y el parque natural de las dunas de Liencres, con la playa de Valdearenas y el pinar.

Otros montes de la sierra desde El Tolío.
Si no conoces El Tolío, La Picota o la sierra de Liencres en general, te recomiendo que lo visites esta Navidad, y vete con cámara, porque no te cansarás de tirar fotos.

A pesar de que el macizo montañoso no tiene demasiada altitud, es visible y reconocible desde muchos puntos, como se ve en la fotografía siguiente, tomada desde el mirador de Covalruyo, situado en la subida por parte cántabra al Portillo de Lunada, a 35 kilómetros de distancia en línea recta de la sierra de Liencres:

La pequeña cordillera desde el mirador de Covalruyo.
Y este post ha llegado a su fin. Espero que os haya gustado la entrada y el lugar y que lo visitéis si no lo conocíais.

Entrada siguiente: El Jardín de Carrejo
Entrada anterior: La Campanuca

sábado, 15 de octubre de 2016

La Campanuca

Hoy, en esta nueva entrada en Hablando de Cantabria, conoceremos una diminuta isla emplazada al sur de la bahía de Santander. Me refiero a La Campanuca, nada conocida pero con muchísima historia para lo pequeña que es.

Para llegar a ella existe una senda costera bien bonita que sale de Elechas y que pasa por unas canteras abandonadas, las de Górgolo, pero lo que yo recomiendo es tomar una salida en la CA-141 pasando Pontejos a la altura de la nave de Vian Rotulación. Conduciendo unos 900 metros y pasando un cementerio llegamos a un reducido aparcamiento en el que podemos dejar el coche. Por ahí cerca muere la senda y hay un cartel informativo además de un pequeño monumento que me llamó la atención.

 El monumento.
El monumento es una cruz sobre un pedestal con una placa. En la placa pone lo siguiente: In memorian del reverendo D. Rufino Casuso. Párroco de Pontejos. Promotor de esta tradicional fiesta - 8-9-2013

Rufino Casuso era un sacerdote que falleció en 2008. Fue párroco de varios pueblos cántabros (lebaniegos especialmente) y vicario de la iglesia de la Bien Aparecida de la calle Vargas en Santander. Era párroco de Pontejos desde 1995 y al parecer una persona muy querida. En cuanto a la fiesta se refiere, no he encontrado nada.

Volvamos a La Campanuca. Se trata de la isla más grande de un pequeño archipiélago formado por tres islotes: las Islas de San Juan. Otra isla del conjunto se llama Peña Rabiosa. De la tercera no sé nada. Ninguna de las tres islas pasa de la media hectárea de superficie. El primer enlace de este post conduce a la ubicación del archipiélago en Google Maps. La isla de más al norte es La Campanuca; la del este, Peña Rabiosa, y la del oeste, la otra.

Peña Rabiosa.
La Campanuca es uno de los lugares con más historia de la bahía de Santander. Peña Rabiosa y la isla anónima no tienen ninguna importancia en cuanto a historia se refiere.

Islas de San Juan y alrededores en 1989.
La anterior imagen, de 1989 y sacada de esta página, es muy curiosa porque muestra una especie de perímetro cerrado que incluye las Islas de San Juan y que ya no existe. Había otro semejante cerca de El Astillero. Se trataban de escolleras construidas para disecar esa parte de la bahía y poder construir en ellas. El proyecto finalmente no progresó y las escolleras fueron demolidas en los 90.

En la foto, junto a las islas, (rodeadas con un círculo rojo) hay una especie de espigón que aun existe. En su extremo tenía una pequeña construcción que ya no está.

La Campanuca.
Si queremos pasar andando a la isla la marea tiene que estar muy baja. El 8 de mayo de éste año, cuando fui, el coeficiente de mareas a la bajamar era de 97 y se podía pasar bien (foto superior). No recomiendo intentar cruzar los 80 metros que separan la isla de tierra firme con un coeficiente menor de 90.

En la isla funcionó una cantera en el siglo pasado, probablemente dependiente de las de Górgolo, mencionadas anteriormente. Además, durante la Edad Media existió una ermita en la isleta (de ahí lo de "Campanuca"). Pudo existir también un monasterio en la isla, que de haber existido habría sido muy pequeño. A esto se le suma una necrópolis.

La playa rocosa.
 
La cueva.
En la parte septentrional de La Campanuca existe una playa rocosa muy reducida. Desde ella se divisa Santander y gran parte de la bahía. En esta playa también existe una cueva, que sirvió de refugio a los habitantes de los pueblos cercanos durante la Guerra Civil, lo cual pudo deberse a que en Pontejos existió un aeródromo militar. En esta cueva, no muy profunda, pueden caber varias personas.
 
Junto a la playa hay una subida por la que se puede acceder a la parte alta del islote. Esa parte fue la explotada por la cantera y probablemente también fue la ubicación de la ermita.
 
Parte alta de La Campanuca.
Existe una pequeña colina a la que se puede subir (o más bien escalar) con un poco de cuidado. Desde su cumbre, a 15 metros de altitud, hay unas vistas maravillosas de los alrededores.
 
A la historia anteriormente mostrada hay que sumarle todo lo que se ha encontrado en esta pequeña isla, como cosas que señalan que estuvo ocupada por los romanos: restos de tejas y ladrillos romanos, trozos de cuencos y vasijas... Este pequeño yacimiento arqueológico fue descubierto a principios de los años 80 y excavado en 1984.
 
Ya para acabar, quiero comentar que no es necesario esperar a que haya una bajamar monstruosa para poder llegar a ella. También se puede llegar en barca o pasar nadando. El canal que la une con tierra firme puede tener un metro de profundidad cuando la marea es normal. Por si alguien quiere acceder a la isla andando, dejo un enlace en el que podéis consultar las mareas. Recomiendo usar un calzado en condiciones para andar sobre ella, tipo botas de montaña o calzado deportivo, pero nunca chanclas o sandalias.
 
Entrada siguiente: El Tolío
Entrada anterior: Porcieda

viernes, 30 de septiembre de 2016

Porcieda

Hoy, tras más de un mes de parón, hablaremos sobre Porcieda, un pueblo abandonado que hay en Liébana y uno de los 15 que existen en nuestra Comunidad Autónoma.

Llegar hasta ahí no es difícil. Hay que pasar Potes y tomar una salida en Naroba por la N-621 que nos llevará a los pueblos de Tudes, Tollo y Barrio de Abajo. En nuestro caso hay que seguir para arriba hasta Tudes, donde muere la carretera. En ese pueblo, que fue galardonado con el premio Pueblo de Cantabria en 2010, se puede aparcar. De ahí sale una ruta que nos llevará hasta Porcieda. Dicha ruta, que está bien señalizada, se puede hacer a pie, a caballo, en bici o en todoterreno. Tiene poco más de un kilómetro y es muy bonita, sobre todo por el paisaje, con los Picos de Europa siempre presentes, pero si el día está soleado te da a ratos el sol en toda la cabeza. No hay muchas cuestas, y las que hay son cortas y de poca pendiente, lo que la convierte en una senda bastante sencilla y amena.

 Indicación de la ruta en Tudes.
El nombre de Porcieda es curioso. A mí me suena a "puerco", es decir, a ganado porcino. Probablemente, antaño, era un lugar en el que había unas cuantas explotaciones de cerdos. Aun quedan allí algunas cuadras abandonadas, típico de un pueblo que, cuando estuvo habitado, vivía de la ganadería.
Parte del camino a Porcieda.
 Ermita de Nuestra Señora de las Nieves.
Una vez que llegamos a la aldea, deshabitada desde hace más de 20 años, nos encontramos unos carteles informativos y la ermita barroca de Nuestra Señora de las Nieves, la edificación más destacada del despoblado y de las pocas que están en un estado de conservación bueno. Aquí se celebra una romería con gran tradición cada 5 de agosto. Se construyó en 1752, aunque con más anterioridad existió otra por la zona bajo la misma advocación.

El pueblo lo conforman aproximadamente doce inmuebles contando la ermita, de los que dos o tres no tienen tejado y unos seis o siete están en un estado un poco mejor, pero nada positivo. Otros dos o tres, entre ellos la ermita, aun están más o menos bien. En total, lo que es el casco "urbano" de esta localidad abandonada perteneciente al municipio de Vega de Liébana lo forman unos 3.000 metros cuadrados. 

El lugar se vende por una cantidad de entre 1 y 1,5 millones de euros. Sus propietarios, que residen en Santander, son la familia Camacho. La inmobiliaria Mikeli quiere construir ahí 45 viviendas rurales aprovechando las construcciones existentes. Si pasa eso seguro que fastidian el sitio, que es bien bonito; pero si no progresa el proyecto, la localidad desaparecerá. Otro proyecto sobre su futuro es el de convertirlo en un centro de interpretación sobre los maquis, que se refugiaron en el pueblo después de la Guerra Civil.

 La plaza.
Un poco más adelante de la ermita y al pasar un edificio típico de la zona estaremos en la plaza del pueblo, (que tiene cinco casas, una fuente seca y hasta un cartel en el que pone Bar a 1 kilómetro señalando la ruta que va a Tudes), donde se celebraban fiestas y otros acontecimientos locales, pero de eso ha pasado ya mucho tiempo. Es en la plaza donde podemos encontrar arquitectura tradicional cántabra, típica de los siglos XVIII y XIX, con edificaciones de piedra cubierta con adobe, de dos plantas, con balcón o solana en la segunda, poyos junto a la puerta y cubierta de teja árabe sobre ripia con piedras en el tejado para que el viento no se lleve las tejas. En otras zonas del pueblo podemos encontrar pajares, cuadras...

Arquitectura tradicional en la plaza.
Algunas construcciones han sido rehabilitadas, pero o bien lo hicieron mal o se quedaron a la mitad.

Al pueblo, cuya primera referencia data del año 961, llegan cables y tuberías, por lo que si se moderniza un poco un edificio no estaría nada mal veranear allí, rodeado de prados en los que aun queda ganado y a los que bajan los lobos a buscar alimento. Cerca de Porcieda pasa un arroyo, el de Quemadinas, seco cuando fui, afluente del Quiviesa y subafluente del Deva.

Al pueblecito fantasma, a pesar de estar deshabitado, no le falta ambiente, ya que por ahí pasa el Camino de Santiago del Norte o Ruta Vadiniense, que dio origen al pueblo y que en este caso llega a Potes, que está a dos kilómetros y medio en línea recta. 

Cabaña a las afueras de Porcieda.
Ya saliendo del conjunto en dirección Potes, encontraremos dos construcciones. Una de ellas es la cabaña de la imagen superior, que, junto a la ermita de las Nieves, es el inmueble mejor conservado. Al otro lado del camino está la otra construcción, a la que se le ha caído el tejado y una pared entera, está rodeada de zarzas y vegetación, le faltan todas las ventanas y puertas... Esto en Santander ya se habría derribado hace mucho tiempo.

Como a cualquier lugar abandonado, a Porcieda no le faltan sus leyendas paranormales y cosas por el estilo. Por ejemplo, en los años 60, la localidad adquirió una pasajera fama por un supuesto avistamiento OVNI por parte de unos cazadores. Otro suceso inquietante es que su último poblador se suicidó.

Si a alguien le interesa, puede ver un pequeño reportaje que hizo Comando Actualidad sobre el lugar con las propietarias de la despoblada aldea.

Cerca de Porcieda, siguiendo el camino a Potes, están las ruinas de la iglesia del monasterio franciscano de Santiago, "El Convento", cuyas primeras referencias datan del siglo XV, concretamente de 1466, aunque es bastante anterior. Lleva abandonado desde el siglo XVI, por lo que solo se pueden ver partes de los muros.

Porcieda desde el camino que va al monasterio.
En la fotografía anterior vemos lo que es el casco de Porcieda. La edificación de abajo es la cabaña nombrada; delante de ella, la construcción ruinosa. También se ve la ermita a la derecha de la foto y, sobre ella, los cables de la luz.

La parte de la ruta comprendida entre Porcieda y el monasterio de Santiago es la más dura. Hay subidas y bajadas con piedras sueltas, pero se puede hacer bien ya que solo tiene 650 metros.

Ruinas del monasterio.
En cierto punto del sendero hay una señal que indica hacia donde hay que ir para llegar a las ruinas del monasterio de Santiago. Avanzando 15 metros, nos topamos con ellas.

La iglesia gótica del monasterio presentaba una sola nave rectangular bastante estrecha con dos tramos. Tenía un ábside cuadrado con bóveda de cañón orientado hacia el este al que se entraba mediante un arco. Es por aquí por donde se accede en la actualidad. La puerta principal estaba en la pared sur y el altar en el extremo oeste, más o menos en el punto desde el que está hecha la última foto. De las dependencias de "El Convento" (dormitorio, cocina...) no queda nada, pero estaban a la derecha de la iglesia según se entra, (a la izquierda de la foto).

En el lugar hay un panel informativo, que no se puede leer por el efecto del sol sobre las letras.

Entrada siguiente: La Campanuca
Entrada anterior: La Torre de Ruerrero

jueves, 25 de agosto de 2016

La Torre de Ruerrero

La Torre de Ruerrero es una construcción medieval situada en un alto del mismo pueblo, municipio de Valderredible.

La edificación desde el pueblo.
Valderredible es conocido por la gran cantidad de arte rupestre que alberga. Además, por la zona hay muchas iglesias románicas. También es el municipio más extenso de Cantabria (300 km²), aunque su población es de solamente 1.000 personas. En su arquitectura destacan algunas torres defensivas, muchas de ellas medio derruidas, como la que hoy nos ocupa. Muy cerca de la torre de Ruerrero hay otra construcción del mismo tipo a pesar de que no es medieval: la Torre de Cadalso, también en ruinas.

Ruerrero es una localidad de medio centenar de habitantes, junto a la que pasa el Río Panero que se une al Ebro muy cerca del pueblo.

El camino que sube a la torre.
Para llegar hasta la torre, lo que hay que hacer es ir hasta la parte más oriental del pueblo (al que se llega por la CA-275 o por la BU-611). Allí hay unas naves. Pues subimos hacia ellas y giramos a la izquierda junto a una pista de fútbol. Esta salida es la primera hacia esa dirección según subimos. Después hay que seguir hacia arriba 300 metros hasta llegar a la segunda salida a la izquierda pasando la cancha. En esa entrada hacia el pueblo se puede aparcar. Ya a pie, subiendo unos 100 metros, hay una valla que parece cortarnos el paso, pero existe un acceso a la izquierda. Al pasar este obstáculo ya estamos en la torre. A partir de ahí ya la podemos ver libremente.

Detalle del estado de la construcción.
Se trata de una torre defensiva del Medievo, concretamente de finales del siglo XIV o principios del XV y construida probablemente por los Bustamante, que tenían varias posesiones por la zona. Fue declarada Bien de Interés Cultural hace 24 años. Tiene una altura de más de 12 metros y un lado de 10 y medio, mientras que la anchura de sus muros de sillería es de más de dos metros. Éste último dato puede comprobarse gracias a una ventana-puerta localizada en el muro sur que ha sido reconstruido.

 La reconstruida entrada a la edificación.
Si entramos dentro lo único que encontremos será un patio cuadrado lleno de maleza. Se entra a través de esa ventana-puerta que he mencionado antes y que está en la parte reconstruida de la torre. Está situada donde anteriormente estuvo la entrada, ya que si rodeamos el perímetro de la hexacentenaria construcción no encontraremos ningún acceso al interior salvo ese. Dentro podremos ver que aun sobreviven algunas ventanas o aspilleras y que una de ellas tiene todavía madera. Se pueden ver también los agujeros donde iban encajadas las vigas.

Las torres y torreones bajomedievales solían tener tres plantas, siendo la planta baja la del vestíbulo, almacén o despensa y cocina, mientras que la primera planta estaba dedicada a la residencia del dueño o dirigente de la fortaleza y la segunda a la de vivienda de la servidumbre y los guardias o soldados. Estos últimos vigilaban la zona desde la azotea. La de Ruerrero tenía dos plantas, aunque su altura es igual o muy semejante a la de otras torres cántabras de su tipo.

El contrafuerte.
Existió también alrededor de la torre un foso que aun se puede apreciar junto al muro oeste que está medio derruido, pero, sin duda, lo más curioso de ella es una pequeña torrecilla redonda que tiene adosada a su esquina noroeste como se puede ver en la foto anterior. ¿Aljibe? ¿Polvorín? Pues no, es mucho más sencillo: se trata de un contrafuerte o un refuerzo, ya que por esa parte de la colina la tierra se hunde con facilidad y no era plan que al primer leve corrimiento de tierra toda la torre se viniera abajo. Esta seudotorre tiene 5 metros de altura y 3 de diámetro. Es un elemento muy poco común en las fortalezas medievales.

Si no recuperamos este patrimonio acabará desapareciendo, así que hay que protegerlo. Alguna torre ya ha desaparecido en nuestra Comunidad Autónoma, así que no queremos que vuelva a ocurrir lo mismo, ya que unas cuantas van por el mismo camino que la Torre de Ruerrero...

Entrada siguiente: Porcieda
Entrada anterior: El Cementerio Protestante de Cazoña

domingo, 14 de agosto de 2016

El Cementerio Protestante de Cazoña

¿Conoces el Cementerio Protestante de Cazoña o de Santander? Es muy desconocido ya que está entre los altos edificios de ese barrio santanderino. También se le conoce como Cementerio Inglés. Pues hoy hablaremos de él. Voy a contar primero su historia y luego vendrán las fotos.

Cazoña es la Manhattan santanderina. Cinco de los diez edificios más altos de la ciudad están ahí. Alguno de ellos llega hasta el piso número 16. Por eso es tan desconocido el cementerio, porque está muy escondido.

Desde tiempos inmemoriales viven ingleses en Santander y alrededores, pero en el siglo XIX, el número de británicos y protestantes aumentó considerablemente. Por ejemplo, en la Guerra de la Independencia contra los franceses los ingleses nos ayudaron, y muchos de ellos murieron aquí. También vinieron muchos durante las Guerras Carlistas que no volvieron vivos a su país.

Fueron todavía más los que llegaron aquí para colaborar en las obras de las líneas de ferrocarril a mediados de siglo. En la construcción del Ferrocarril de Alar del Rey a Santander, los ingenieros que dirigían los trabajos eran en su mayoría ingleses, ya que allí ya se habían establecido varias líneas y los capataces tenían la experiencia necesaria. Por eso se quiso crear un cementerio protestante en Santander, (se solicitó por primera vez en 1831), ya que muchas familias no tenían dinero para trasladar un cadáver hasta Gran Bretaña. Además, los protestantes no podían ser enterrados en un cementerio católico. Ahora se les puede enterrar en Ciriego, ya que según entras, a la izquierda, está el cementerio civil, donde hay difuntos de todas las religiones e incluso ateos y agnósticos. Debemos tener en cuenta que en Cantabria hay 5.000 protestantes, por lo que es necesario que se les pueda enterrar en Ciriego o en otro cementerio civil.

Precisamente fue un inspector de ferrocarril, Jesse Stroud, el primer "usuario" del nuevo cementerio, siendo enterrado el 9 de abril de 1864. Falleció en Reinosa unos días antes a los 44 años. En ese momento, el novato cementerio era simplemente un prado con una tumba en medio, ya que obviamente no existía ninguno de los edificios actuales. Dos años antes se había adquirido la parcela, que costó, aproximadamente, 3.000 reales. La mitad de esa cantidad fue aportada por el Rey de Prusia, Guillermo I. El resto fue aportado por suscripción popular de creyentes ingleses. El último enterramiento fue el de la francesa Madeleine d'Afne Lorch Racine, una profesora de idiomas jubilada que nació en 1904 y murió algún día de algún mes del 1990 a los 86 años. 26 años sin uso, y contando... También hay españoles en el cementerio, como por ejemplo Aurora Fernández de Campano. De hecho, hay de muchas nacionalidades, por lo que no todos son ingleses. Entre sus muros incluso descansan niños y suicidas. En total, se han enterrado a 128 personas en él.

En 1870, cuando el camposanto ya tenía varios inquilinos, se llevaron a cabo algunas sencillas obras, aunque el muro, la verja y otros elementos se le añadieron en 1912. Desde ese momento poco ha cambiado, (quitando que se le han sumado más tumbas). El muro, en parte cubierto de hiedra, está construido en piedra caliza de las canteras de Escobedo de Camargo y tiene una altura de entre 1,5 y 2 metros y una anchura de medio metro. Este muro mide 33 x 30 metros, por lo que el recinto tiene unos 1.000 m², 180 veces menos que Ciriego.

A finales del siglo XIX, si querías tener una tumba en condiciones en este lugar, tenías que pagar algo más de 310 pesetas, que serían como 1,86 euros. Esto incluía la cuota de enterramiento, que era lo más caro; la placa, la adquisición del terreno y una pequeña parte que iba destinada al cuidador del cementerio.

Hasta 1957 se hacía cargo del camposanto el Consulado Británico. En ese año, su dominio se trasladó al Consulado Noruego, ya que se suprimió en Santander el Inglés. Desde 1976 es responsabilidad del Consulado Alemán. También estaba metido en esto el Consulado de Suecia.

En 1996 casi se le traslada debido al estado en el que se encontraba, (no tenía puerta y el recinto estaba demasiado salvaje). Ahora, de vez en cuando, se le corta la hierba y se le hace algún arreglo.


También en 1996, la asociación ecologista Mortera Verde solicitó que se le protegiera mediante la declaración de Bien Inventariado. Recibió este título en el 2004, ocho años después.

Tal vez se os haya hecho pesada toda esta historia, pero no os preocupéis porque ya vienen las fotos.

La tapia y los árboles del cementerio desde Luis V. de Velasco.
Para llegar, lo más fácil es ir hasta el inicio la calle Luis Vicente de Velasco. Allí, entre los números 4 y 6, hay una cancha de baloncesto. Detrás de esa pista está el cementerio como se aprecia en la foto superior, aunque la puerta no se ve porque queda al otro lado. Otra manera de llegar al lugar es ir hasta el 17 de la avenida Herrera Oria. Entre ese edificio y el número 19 sale un camino que va hasta la entrada al Cementerio Protestante.

La verja.
Si escogemos la primera opción, tendremos que rodear el perímetro del camposanto hasta toparnos con la entrada.

Cartel junto a la puerta del cementerio.
A la derecha de la enrejada (y cerrada con candado) puerta, en la tapia, hay un pequeño cartel en el que se puede leer lo siguiente: Cementerio Protestante Inglés - Año 1864

La verdad es que podía ilustrarnos un poco más. Debería instalarse un cartel que explique la historia de un lugar tan desconocido.

Interior del cementerio.
En la foto anterior se puede ver que está, más o menos, bien cuidado por dentro. A continuación explicaré algunos elementos que podemos ver en el interior.

De las 20 tumbas que hay, (más o menos), la más llamativa es la del centro, ese monolito que tiene cuatro anclas en sus esquinas. Se trata del monumento en homenaje a la Legión de Marinos Británicos, que fue trasladado hasta aquí desde el antiguo cementerio de San Fernando. Bajo él están enterrados en una fosa común los restos de los fallecidos en combate pertenecientes a esta legión. Es este el único vestigio de la estancia en Santander de ese cuerpo en 1835. Fue creada para ayudar a las tropas liberales durante la Primera Guerra Carlista. Sus miembros eran en su mayoría voluntarios pobres, que querían ganar algo de dinero alistándose al ejército. Los primeros voluntarios llegaron a Santander el 30 de julio de dicho año.

Al fondo, en tercer plano, hay una lápida de un color rojizo o rosado. Se trata del sepulcro de Madeleine d'Afne L. Racine, que como ya he dicho es la última persona a la que se enterró en 1990 en este lugar. Está con su madre, Marthe, fallecida en el 62.

Por último, en la tumba central de las tres que están en primer plano, donde está enterrada alguna persona anónima, hay una placa que reza: Jesucristo dice: yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí

Lo más curioso de este recogido lugar es que Matilde Camus le dedicó un libro en 1993. Se titula Prolegómenos del Cementerio Protestante de Santander y su evolución histórica. Mucha de la información mostrada procede de ese libro.

Y aquí lo vamos a dejar por hoy. Dadlo a conocer para que el patrimonio desconocido no se pierda.

Entrada siguiente: La Torre de Ruerrero
Entrada anterior: Los Pozos de Noja

lunes, 8 de agosto de 2016

Los Pozos de Noja

Bienvenidos a mi blog! Hoy os explicaré cómo llegar hasta los Pozos de Noja, situados en el municipio de Miera, además de su historia.

Debemos conducir hasta La Cárcoba, (capital del municipio), y tirar para arriba. 250 metros después, entramos en otro pueblo: La Maza. Nosotros seguiremos hacia arriba. Algo más adelante, nos topamos con un cruce en el que hay un humilladero y unos carteles. Seguiremos por la carretera de la derecha, ya que la de la izquierda nos llevaría a Solana, un pueblo de 20 habitantes.

Una vez que hemos recorrido algo más de un kilómetro, a un lado de la carretera hay una cabaña pasiega y un reducido aparcamiento. Se trata del acceso a la cueva del Salitre, una cueva rupestre con pinturas que incluso se puede visitar. Os podéis informar haciendo clic en el enlace anterior.

Seguimos unos cinco minutos hasta el lugar en el que debemos dejar el coche. Se trata del punto en el que se acaba la carretera asfaltada. Ahí hay tres caminos. Nos pondremos a caminar por el de la derecha, junto al que hay un par de cabañas. La distancia que hay entre el pueblo de La Cárcoba hasta éste lugar es de unos cinco kilómetros y medio. A esto hay que añadirle la distancia que hay hasta aquí desde tu localidad. Por ejemplo: Santander está a 38 kilómetros de La Cárcoba, pues 38 + 5,5 = 43,5 kilómetros es la distancia que existe entre Santander y el punto de inicio de la ruta de los Pozos de Noja.

Con todo esto explicado, creo que ya es hora de empezar la ruta.

Inicio de la senda, con una caseta para guardias forestales.
El paisaje es impresionante. Las montañas que se ven a la derecha de la senda se llaman Las Eguinzas y alcanzan los 1.000 metros.

Otro tramo de la ruta, con un arroyo a la derecha del camino.
Una vez que hemos recorrido una parte del camino, aparece un pequeño arroyo de agua muy sucia que nos acompañará hasta que subamos una cuesta.

El final de la cuesta.
Cuando subamos la cuesta, nos encontramos con un prado a la derecha que tiene una vieja construcción. Pasando ese prado, hay un montículo y un cruce. Se debe tomar el camino de la izquierda, ya que el de la derecha es otra ruta. En la foto superior se ve, al fondo y a la izquierda un pequeño árbol. Pues bien, detrás de ese árbol están los pozos.

Por fin vemos el pozo más grande.
El pozo grande.
Giramos una vez pasado el árbol y ya vemos la laguna más grande. La pequeña queda un poco más abajo. Unos caballos se estaban dando un chapuzón como se puede ver a la izquierda de la segunda foto superior.

Junto a ese pozo hay una mirador desde el que se ven unas espectaculares vistas siempre que el día está despejado: Peña Cabarga, Solares, Somo, Santander, el Cabo de Ajo, Santoña... ¡e incluso Cucabrera!

Parte de lo que se ve desde el mirador.
En la foto anterior (clic para ampliar) he indicado lo que podemos ver desde el mirador por la zona de Santander. Serían necesarias dos o tres panorámicas para mostrar todo el paisaje visible desde ese punto.
 
 El pozo pequeño.
El pozo más pequeño se ve desde el mirador. Está 500 metros más abajo. Yo creo que no merece la pena bajar. Este último ya queda dentro del término municipal de Liérganes. Unas vacas, al igual que unos caballos en el grande, se estaban bañando. Éste pozo es ocho veces más pequeño que el de arriba. Junto a él aun quedan los restos de una casa de bombas.
 
La distancia que separa el lugar donde debes dejar el coche y el primer pozo es de 1,5 kilómetros. Muy cerca de los lagos hay una cueva, la del Arbajal, pero no tiene pinturas ni nada de importancia.
 
Una vez acabadas las fotos y la explicación de la senda, voy a explicar la historia de los pozos y por qué se construyeron, ya que no son naturales.
 
Su función era la de aportar agua para la producción de energía hidráulica para Liérganes y alrededores. Se aprovecharon hondonadas para construir las presas a principios del siglo XX. La del pozo inferior aun es visible desde la parte norte. El agua bajaba por canales situados en las laderas del Picón del Marmojo y de Peña Pelada. Estos canales aun existen. Los pozos se llenaban con el agua del deshielo o de la lluvia. Debemos tener en cuenta que están a más de 700 metros de altitud, por lo que en invierno toda esa zona (que da nombre a los pozos) está nevada.
 
La empresa que los construyó era la Electra Pasiega, que fue absorbida en 1945 por la Electra de Viesgo. Las turbinas para la producción de electricidad estaban situadas, la primera, al pie del monte en el que se ubican los embalses, y la segunda, que recibía agua de la primera, junto a la carretera que une Liérganes y San Roque, en un lugar llamado "La Fábrica de la Luz". Las instalaciones aun se conservan en un estado aceptable.
 
Los pozos y las turbinas, el primer proyecto de Electra Pasiega, se pusieron en funcionamiento sobre 1905 y estuvieron produciendo electricidad hasta mediados de siglo, cuando Electra de Viesgo adquirió la pequeña empresa pasiega como ya se ha dicho antes. En ese momento, se introdujo en la zona de Liérganes el alumbrado moderno.
 
Y aquí finaliza el post sobre los Pozos de Noja. En mi opinión se debe ir ahí al menos una vez en la vida. Existen más rutas para llegar hasta el lugar, pero la que he explicado es la más sencilla.
 
Entrada anterior: La Cueva de Cucabrera