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martes, 28 de febrero de 2017

La senda fluvial del Pas

Hoy iremos a la senda fluvial del río Pas, cuyo punto de partida está cerca de Boo de Piélagos, junto a la A-67, antes de cruzar el Pas en dirección Santander-Torrelavega (margen derecha de la autovía).

Antes de empezar, quiero aclarar que NO HAY NADA que se llame "senda fluvial del Pas". Este río no tiene ninguna senda fluvial a diferencia de otros, como por ejemplo el Nansa. Una senda o sendero fluvial es una ruta que discurre por una orilla de un curso de agua o cerca de él, ya sea un río o un pequeño regato, pero no cualquier ruta, sino una que se llame así. La que yo llamo "senda fluvial del Pas" es lo que en Google Maps aparece como "Barrio Solarana". Al no ser ningún sendero señalizado concreto, lo he bautizado así para saber de qué estamos hablando.

Una vez dicho esto, creo que podemos empezar con las fotos.




El lugar en el que recomiendo dejar el coche.



El camino internándose entre eucaliptos.
En la primera fotografía vemos el lugar en el que yo recomiendo aparcar si vas al lugar en coche. Es el sitio que aparece en Google Maps al pinchar en el primer enlace. La segunda muestra lo mismo pero al oeste. Un poco más abajo nos topamos con un par de carteles, aunque no sé cuál sería la palabra más adecuada para nombrarlos.


El primer letrero (o lo que sea).
El segundo, un poco más abajo.

Ambos me llamaron mucho la atención, pero sobretodo el segundo. El primero es para los peregrinos del Camino de Santiago. Sí, por aquí también pasa. Cuando os encontréis algo del Camino de Santiago en Egipto, que no os sorprenda... El caso es que marca lo que queda para llegar a Santiago de Compostela: 560 kilómetros. Si yo estuviera de peregrinaje por aquí y me encontrara con esto, no sé si me animaría o me quitaría toda la fuerza del cuerpo... y fíjate que de ese punto a Santiago en línea recta hay 380 kilómetros, casi 200 menos.



Es probable que hayáis visto ese letrero al ir hacia Torrelavega por la autovía, porque al estar al lado de ella se ve muy bien. El que dudo que hayáis visto es el siguiente, que está 50 metros más abajo. En él pone #Pielagos y #OnTheWay, que también se refiere al Camino de Santiago, ya que al traducir del inglés las letras de "On the way" nos quedaría "En el Camino", lo cual es una clara alusión al de Santiago, y si tradujéramos todo el cartel quitando las almohadillas obtendríamos "Piélagos en el Camino", es decir, que por Piélagos (donde estamos ahora) pasa el Camino de Santiago.
El puente de la A-67 que cruza el Pas.
Como muchos sabréis, el Ministerio de Fomento, encabezado por el antiguo alcalde santanderino Íñigo de la Serna, quiere construir un tercer carril para esta autovía, por lo que se comería la zona en la que están emplazados los letreritos que acabamos de ver, lo cual es una lástima porque es un sitio muy bonito, especialmente por los eucaliptos que dan sombra a ese tramo de la ruta.
La senda a 400 metros del punto de partida.
 Cuando pasamos por debajo del puente de la A-67 comienza lo más bonito, con el río muy tranquilo a la derecha, bordeado por juncos, árboles, plumeros (esto último sobra) y mucha más vegetación, con algunas casas en la margen contraria, que hasta tienen un embarcadero propio. Mientras, a la izquierda, podemos encontrar tanto bosques de todo tipo de árboles como prados que algún día estuvieron poblados por vacas. Cada 150 metros hay bancos en los que podemos sentarnos para descansar un rato o bien para contemplar el río.
Otro tramo de la ruta.
La carretera/sendero llegando a La Mina.
Último tramo de "naturaleza virgen" antes de llegar al modernismo.
En la imagen anterior, a la derecha, vemos una plantación de árboles. Pertenece a La Encina, un centro de jardinería que tiene su sede cerca de aquí y que posee plantaciones de todo tipo de flora por esta zona. Antes del meandro ya mencionado, La Encina tiene más cultivos.

La senda fluvial del río Pas, al estar en su mayoría asfaltada, se puede hacer con cualquier medio de transporte, incluso con coche, aunque siempre es más bonito hacerlo a pie o en bici. ¡Hasta la próxima!
 
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miércoles, 25 de enero de 2017

La Ballena de Oriñón

Hoy volvemos a Castro Urdiales. La Ballena de Oriñón es una de las tres denominaciones con las que se conoce a un cabo situado en la costa de Sonabia, a los pies del conocido Monte Candina. Sus otros dos nombres son cabo Cebollero y punta Sonabia, pero aquí siempre llamaremos a este accidente geográfico con el título de esta entrada. Su longitud, desde el istmo hasta su punta septentrional es de 450 metros.

¿Por qué llaman a este saliente "la Ballena"? Una imagen (o en este caso dos) valen más que mil palabras:
La Ballena desde Islares.
Otra imagen de la Ballena de Oriñón.
Como podemos ver en las fotos superiores (tomadas desde Islares y el camino hacia la playa de Sonabia respectivamente), el cabo tiene forma de ballena, aunque eso es solo apreciable desde lejos. Lo de "Oriñón" es por el nombre de otra localidad cercana.

Es un sitio muy bonito, puede que el mejor para respirar la brisa marina en la zona oriental de Cantabria y para hartarte de hacer fotos, pero si lo que buscas es un lugar histórico, lamento decirte que el cabo Cebollero no es para ti.
Uno de los caminos que van hacia la Ballena.
Para llegar, aparca en Sonabia y coge alguno de los múltiples caminos que van hacia la costa. Una vez que hemos salido a unos prados, solamente hay que dirigirse hacia el cabo/península protagonista de nuestro post de hoy.

Si queremos pasar a la Ballena, es fundamental que la marea esté muy baja ya que en el istmo hay una "pequeña grieta" en la que se mete el agua. Otro requisito es que no haya mucho oleaje.
Llegamos al istmo.
Como se puede ver en la foto anterior, el istmo está formado principalmente por estratos, lo que nos facilita en parte el trayecto hacia el cuerpo de la Ballena ya que nos proporcionan subidas relativamente rectas y no muy empinadas. A partir de ahora todo es roca, por lo que recomiendo un calzado resistente. Pasar el istmo puede resultar difícil a la vez que peligroso, pero tendrás una buena aventura.


Cala rocosa en punta Sonabia.
La parte final del istmo y el Monte Candina.
Una vez que estemos en la Ballena como tal, las vistas son más que increíbles. El Candina preside el paisaje al mirar hacia el sur.

El istmo.
El istmo tiene una longitud de poco más de 200 metros, pero son 200 metros para el recuerdo. Lo pasas mal recorriendo esa distancia. Pero no te preocupes, porque hay recompensa.


Vistas al sur desde la Ballena.
Existe un camino bastante marcado por el dorso de la Ballena de Oriñón, desde el que hay buenas vistas, como las de la foto anterior, con el Candina y la playa de Oriñón a la izquierda.



Si aquí hubiera un géiser, este saliente costero sí que sería un verdadero cetáceo, ya que parecería una ballena real expulsando agua por el espiráculo.


Camino sobre la Ballena de Oriñón.
Una vez arriba, verás, además del Cantábrico, Laredo, Santoña con su Buciero, el puerto de Bilbao... Suele haber pescadores en los pequeños acantilados del cabo Cebollero, así como jóvenes de la zona bañándose en verano. Desde Hablando de Cantabria pido no acercarse demasiado a los acantilados, porque luego pasa lo que pasa.


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sábado, 7 de enero de 2017

Setares

Hoy, en la primera entrada "seria" del año, hablaremos sobre Setares, un pueblecito minero abandonado situado cerca de Otañes y de Baltezana, en el municipio de Castro Urdiales. Existe otro poblado del mismo tipo por ahí, también abandonado, llamado Camposquerra.

Empezaré explicando la historia, después diré cómo se llega al lugar, y por último, vendrán las imágenes.

El poblado minero, creado a finales del siglo XIX, llegó a tener unas 50 edificaciones, aunque actualmente solo podemos adivinar la planta de unas 20. El edificio más importante era uno que hacía las veces de escuela e iglesia. Junto a ese edificio se construyó un frontón, que actualmente es lo que mejor conservado está. Setares también tenía servicios sanitarios y más de un bar. He leído que también tenía equipo de fútbol formado por mineros, algo que me extraña porque por ahí no hay ningún terreno adecuado para montar un campo. Lo que igual sí que tenía era bolera. Celebraba sus fiestas patronales el 4 de diciembre (Santa Bárbara), y el 5 de agosto, (la Virgen de las Nieves). Esta última también se celebra en Porcieda.

En el año 1900 vivían en Setares casi 1.500 personas (la mayor población de su historia, formada por mineros y sus familias). A mediados del siglo XX comenzó el declive en las explotaciones por muchas razones, pero principalmente por la falta de mineral férrico que llevó a la empresa encargada de las minas a ir perdiendo poco a poco ingresos, lo que trajo despidos masivos. La Compañía Minera de Setares (constituida en 1886), desapareció en 1965. El pueblo, que por entonces había reducido su población a solamente 200 habitantes, empezó a despoblarse definitivamente. La mayoría de los mineros se fueron a trabajar a minas de Vizcaya. Para finales de la década de los 60, el lugar ya no tenía ningún habitante.

Las explotaciones más importantes por la zona eran las minas Ceferina y Anita, aunque existieron varias más, hoy todas cerradas. La mina Ceferina, a finales del siglo XIX, producía una media de 150.000 toneladas (150 millones de kilos) de mineral anuales (12.500 al mes y 400 al día). Todo ese mineral de hierro iba a parar al cercano cargadero de Dícido, donde se cargaba en barcos mercantes para su distribución por diferentes puertos de la costa cantábrica, aunque normalmente iba para País Vasco.

En Setares y alrededores se produjeron varios sucesos trágicos que acabaron hasta con muertos a finales del siglo XIX y principios del XX, en ocasiones causados por enfrentamientos entre huelguistas mineros y cuerpos de seguridad. No le faltan tampoco historias de fenómenos paranormales, como un supuesto avistamiento de la Santa Compaña.

Ahora diré cómo se llega, y atención a la explicación porque puede resultar difícil pillarlo.

La CA-523, carretera por la que iremos, discurre entre Ontón y Otañes, pasando por Baltezana. Recomiendo ir por la parte de Ontón y de Baltezana, ya que a casi tres kilómetros de ese último pueblo está el lugar en el que debemos dejar el coche. Se trata de una casa blanca junto a la que hay espacio para aparcar el vehículo. De ahí sale un camino que tira para el monte. Pues bien, ese camino, (que en realidad es una pista forestal) es la subida a Setares. Sugiero este recorrido porque para ir a Castro se suele ir por la A-8, y queda más cerca ir hacia la casita blanca por Baltezana que por Otañes, aunque si queremos ir por este último pueblo, lo que hay que hacer es tomar la CA-523 a la salida de la localidad, y a dos kilómetros y medio llegamos a la mencionada casa. Tanto por un lado como por el otro hay varias curvas bastante cerradas.

Y dicho todo esto, creo que ya podemos ponernos con las fotos.
Setares en los años 60.
Empezamos con una imagen de Setares de los 60, probablemente de finales de la década. Las casucas estaban en mejor estado que ahora, quitando la que tenemos en primer plano que actualmente estará en un estado más bien parecido, (si sigue existiendo). La fotografía es de esta web.


Primer tramo de la ruta.
Casi toda la ruta es una bonita pista que discurre por un eucaliptal. Tiene un poco menos de un kilómetro y es muy sencilla.


Baltezana, la autovía y el mar.
Cuando ya hemos pasado la mitad de la ruta empezamos a ver buenos paisajes, como el de la foto superior (Baltezana, la A-8 y el Cantábrico).


La primera casa que nos encontramos.

Muy poco después nos encontramos con la primera ruina, un edificio del que quedan dos paredes con los huecos de un par de ventanas. Las demás construcciones del poblado no están en mejor estado, sino todo lo contrario.

Un poco más adelante hay un paso canadiense, y lo siguiente de lo que nos enteramos es que hemos llegado a Setares.


Primera impresión que nos llevamos del lugar.

Nada más llegar a las primeras construcciones, vemos un camino a la izquierda que baja. Pues bien, ese camino va al lugar en el que existió un plano inclinado, del cual ya no queda nada, por lo que no recomiendo bajar.


Casas en ruinas.
Un muro de la escuela/iglesia y el frontón.
Al principio del antiguo poblado minero se alza una esquina de un edificio: la escuela/iglesia. Detrás está el frontón que ya cité al principio. ¡No se darían ahí pocos pelotazos! Es digno de mención que en ese frontón está el único grafiti que hay en todo el pueblo. Es curioso porque en todo lugar abandonado hay unos cuantos. Quizás esto se deba a que el despoblado está demasiado lejos para que la gente suba a pintar los muros de piedra de las casas de ese pueblecito. Creo que aquí se juegan partidas de paintball, pero no lo aseguro, ya que no se ven impactos de bolitas multicolores por ninguna pared.

Las casucas que hubo por aquí estaban construidas a base de muros de mampostería, en algunas ocasiones enfoscada, aunque en algunas paredes podemos ver también ladrillo macizo. La estructura de los inmuebles era de madera, (todavía sobrevive alguna viga), y el tejado era de teja árabe sobre ripia, normalmente a dos aguas. Las casas poseían planta baja, primer piso y en escasas ocasiones desván. De todo eso solo permanecen en pie parte de los muros perimetrales.
Los talleres de ferrocarril.
Un poco más abajo nos topamos con un edificio del que resiste parte de su estructura de madera y que funcionó como talleres de ferrocarril. Junto a él permanecen en pie un par de postes eléctricos o de teléfono. Uno de ellos se ve en la imagen anterior. Si seguimos por ese camino llegamos a las ruinas de otras dos casas, que como le pasa al resto de casas del poblado, están invadidas por zarzas.

Y esta entrada concluye aquí. Setares es, al igual que muchos lugares en Cantabria, parte del patrimonio desconocido que algún día desaparecerá, porque cuando queramos evitarlo, será demasiado tarde...

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martes, 3 de enero de 2017

Estadísticas del 2016

En la tarde del 9 de junio de 2016 nació Hablando de Cantabria. Desde entonces he publicado nueve entradas sobre lugares (once si contamos la presentación y la que ahora estás leyendo). De todas ellas, la que más éxito ha tenido ha sido la de La Campanuca con 149 visitas, y la entrada que menos visitas lleva es la de El Jardín de Carrejo, ya que la publiqué hace solo unos días. El post sorpresa/revelación de este blog es el de Los Pozos de Noja, ya que aunque al principio fue un rotundo fracaso, fue cogiendo carrerilla y ahora es la segunda publicación más visitada (138). Podríamos decir que por antigüedad, el farolillo rojo de mi blog es la entrada en la que hablo sobre la cueva Cucabrera, que desde finales de julio solamente ha recibido 51 visitas, y eso que creo que es la entrada que más me curré.

La suma de las visitas de las diez entradas es 929, mientras que el blog como tal ha sido visitado 2.258 veces en 2016, un número que me gusta, ya que al principio creía que sacaría solo unas 1.000.

El mes dorado ha sido sin duda octubre con 617 visitas, y el peor fue diciembre con tan solo 232, seguido de noviembre con 235. Junio tuvo 139 visitas, pero no publiqué nada especial en ese mes. Los meses estivales también fueron buenos, notándose un aumento claro a medida que iba pasando el tiempo.

Fijándonos ahora en las visitas por país, España ha sido obviamente mi mejor socio (1.726 visitas), seguido de Estados Unidos (180), Francia (103), Reino Unido (54) y Alemania y Guinea Ecuatorial, ambas naciones con 39 visitas. Tengo público en más países, pero los anteriores son los principales. Turquía, Nueva Zelanda, Indonesia, Surinam, Suiza, Perú, Haití, Groenlandia y Mongolia me han visitado una vez cada país. El resto de visitas se reparten entre otras trece naciones.

En el blog se han hecho cuatro comentarios (uno de ellos anónimo) + mis cuatro respuestas, haciendo un total de ocho.

Y fuera del blog, tengo 82 seguidores en Instagram y 42 en Twitter.

Espero que este año que ahora comienza concluya con 5.000 visitas, aunque eso es solamente un sueño 😉. Muchas gracias a todos los que habéis entrado alguna vez en este pequeño blog y a los que seguís visitándolo fielmente. La próxima entrada no tardará en salir. Ya avisaré a través de las redes sociales.

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viernes, 30 de diciembre de 2016

El Jardín de Carrejo

La última entrada de 2016 trata sobre El Jardín de Carrejo, un hotel de tres estrellas y de 12 habitaciones situado en Carrejo (Cabezón de la Sal) y que abrió en 1999. El enlace anterior corresponde a su ubicación en Google Maps, pero tenemos la mala fortuna de que una nube tapa todo el pueblo, incluyendo el hotel que se encuentra a las afueras.

 Edificio principal.
Las suites.
El edificio principal, de piedra, construido en 1881, fue antaño un granero y una cuadra, mientras que la pequeña construcción restaurada en 2005 que alberga las dos suites fue un gallinero. El terreno total del jardín es de tres hectáreas.

Se puede aparcar el coche en un pequeño aparcamiento situado dentro de la finca, justo al lado de la entrada. Lo primero que vemos al entrar es esto:

Detalle del jardín.
En El Jardín de Carrejo hay todo tipo de árboles, incluso una secuoya, además de un montón de rincones escondidos. Los caminos que lo recorren son realmente fascinantes. Recomiendo ir a pasear a este lugar en otoño, porque el color de los árboles en esas fechas es increíble, aunque cualquier época del año es buena para visitarlo.

 Un camino.
La ruta que haremos por el jardín comienza en el aparcamiento. A la derecha del mismo sale un caminito que cogeremos en esta ocasión. Es el de la imagen superior.

 Un huerto.
 Una campa enorme (con ajedrez gigante incluido).
 El camino a su paso por una zona plagada de manzanos.
El camino pasa junto a un huerto, y después, entre pequeños manzanos. Continuaremos por un puente de madera que cruza un arroyo un poco sucio. Por el camino que sigue pasearemos junto a otro arroyo que nos queda a la derecha. También tendremos un prado enorme perfecto para practicar cualquier tipo de deporte a mano izquierda. Dicho prado tiene una portería por si nos apetece jugar al fútbol.

El puente.
 El camino que discurre junto al regato.
Una cosa muy curiosa en ese hotel son los robots que automáticamente siegan la hierba. Hay tres o cuatro, y alguno suele haber dando vueltas.

La campa de la portería.
El aire que allí se respira es muy puro, y casi no se oye ruido a pesar de estar a escasa distancia de la carretera general. El Jardín de Carrejo es un remanso de paz en mitad del ruidoso mundo.

Continuando el camino llegamos a unas viejas piscinas dedicadas a la cría de truchas que ahora están llenas de vegetación, pero no por eso dejan de tener encanto. Allí también hay alguna presa y algún puentecillo que cruza el arroyo, que en este punto está canalizado. También encontramos algunos bancos y casetas de pájaros en los árboles. Estamos junto al edificio de las suites, que como ya dije fue un gallinero.

Criaderos de trucha.
Tramo canalizado del arroyo.
En fin, ese es un sitio con mucha naturaleza y extensión. Para cualquier duda, entrad en la página web del hotel. Espero que os haya gustado mi post y que visitéis El Jardín de Carrejo, pero siempre con cámara. En Carrejo también se encuentra el Museo de la Naturaleza de Cantabria, el cual merece una visita. Está ubicado en una casona del siglo XVIII en la plaza del pueblo. Y eso ha sido todo... ¡Feliz año nuevo!

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